Sobre YPF

Hace ya unas semanas que el gobierno argentino ha nacionalizado la petrolera YPF, que como sabéis, pertenecía a Repsol. El revuelo que se ha montado ha sido monumental, y se ha escrito mucho sobre el tema. CyC no íbamos a ser menos ¿no?

No me voy a extender mucho con esto, ya que la mayoría de lo que voy a decir, ya está dicho. Solo quiero simplemente recordad que Repsol no es una empresa española, ya que más del 50% de su capital es extranjero. Es cierto que paga impuestos en España, pero como sabéis, a través de diferentes trucos (que llaman “contabilidad creativa”) las leyes a medida de las grandes empresas aprobadas por diferentes gobiernos, y el uso de paraísos fiscales, la cantidad de impuestos que deja Repsol deja mucho que desear. Además, para entender bien este proceso, hay que analizar el impacto que IED española (Inversión Extranjera Directa) ha tenido en Argentina. Este informe de OMAL, elaborado por Marisa Cordón, recoge esto bastante bien.

Por otro lado, merece la pena destacar, que Argentina tiene el legítimo derecho de administrar sus recursos energéticos como quiera, siempre que sirvan al interés general de la población argentina, especialmente aquellos que son considerados estratégicos (como los recursos no renovables). Vamos, esto va muy en línea con este artículo de Antonio Elías.

Para acabar, no puedo dejar de lado la intoxicación informativa que los medios españoles (y muchos privados argentinos) han realizado sobre este tema. Como siempre, Cuba Información ha realizado una noticia excelente sobre ello.

Desde luego, esta nacionalización no llega ahora porque sí, sino por la deficitaria balanza comercial Argentina, déficit debido precisamente a las importaciones de energía que tiene que realizar el gobierno argentino para cubrir la demanda.  Personalmente, no soy un gran seguidor de los Kirchner (ni de Néstor, ni de Cristina), que están basando el crecimiento del país en las exportaciones, sobre todo agrícolas, y especialmente de soja transgénica. Los impactos que está teniendo está política sobre el campesinado argentino es brutal, al igual que el impacto ambiental.

Sin embargo, hay que reconocer que su política económica ha permitido al país salir del callejón sin salida que fue la crisis del 2001, tomando decisiones que las grandes potencias consideraban pecados mortales (no pagar la deuda, “echar” al FMI de Argentina, amplia intervención estatal en la economía, subsidios…).

Killkeny

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