Posición social y derroche

En cualquier momento de la historia la gente más poderosa siempre se ha querido distinguir del resto, por ejemplo en la edad media en europa era cuestión de sangre,  los noble eran gente de “alta cuna”. Pero no sólo es cuestión de ser rico o poderoso, también es cuestión de demostrar que uno tiene ese poder o ese dinero.

Sinó no tendría sentido que se vendan botellas de “champán con oro” o botellas de agua que cuestan 37$. Ni tendrían sentido la mayoría de las excentricidades de los famosos que se pueden ver en tantos programas y revistas. Lo peor es que sintamos tanta envidia de ciertas chorradas, porque es natural (que no sano) sentir envidia por quien coma cuando quiere lo que le apetezca (sea cual sea su precio), pero sentir envidia por unas sandalias de diamantes me parece una estupidez.

Este comentario lo he econtrado por la red: Muchas personas, generalmente ricas, quieren destacar por encima de los demás y por eso transigen en pagar cantidades mayores por los mismos productos o servicios, porque de esa manera piensan que, obtengan o no un mejor servicio o producto, consiguen distinguirse de los demás y marcar la diferencia. Pura vanalidad humana de la que se saca partido el mercado, que nos tiene más estudiados que los estudiantes de Medicina a los cadáveres.

Asirio

3 Respuestas a “Posición social y derroche

  1. A otros niveles, las personas más “normales” que no compramos sandalias con diamantes ni botellas de champán de oro, si que hemos disfrutado estas navidades de unos excesos que a ojos de personas que viven en paises más pobres podrían ser equiparables. Comes carne y pescado varias veces al día, viajar en avión a cualquier parte del mundo y esquiar con cañones de nieve artificial son una excentricidad para una señora que tiene 10 hijos en un pueblecito de Mali. También nos tenemos que dar cuenta de eso, ¿no os parece?

  2. Estoy totalmente de acuerdo con la opinión de Silvia. Sé que es inmoral esquiar sobre nieve artificial o beberte un Vino de 300 euros, ahora bien hemos de valorar las cosas según se convine el valor . Calidad, valor aportado, utilidad … puede ser tremendamente caro, pero según las reglas de mercado tiene un precio razonable. Otra cosa es marcar con excentricidades sin valor-utilidad o valor-calidad la simple diferencia. Más que inmoral (que lo es) me parece una soberana gilipollez. Ahora bien tampoco me parece correcto que una mujer tenga hijos aun no pudiendo mantenerlos. Cuestiones de educación, de cultura, de capacidades económicas. Es complicadísimo se coherente en un mundo tan incoherente.

  3. A grandes rasgos (y sin entrar en detalles) estoy bastante de acuerdo con ambos.
    Sobre lo de ser coherente: creo que coherente/incoherente no es cuestión de blanco o negro, sino cuestión de grises. Creo que todos hemos de ir intentando mejorarnos, sin agobios pero sin pausa; la “coherencia” es un largo camino que merece la pena recorrerla como la tortuga y no como la liebre.

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