“Si aplicásemos la ecología emocional se acabarían los problemas medioambientales”

La psicóloga y escritora María Mercè Conangla y su compañero Jaume Soler, vuelven a sorprendernos con su nuevo trabajo: ‘La vida viene a cuento, relatos de ecología emocional’, cuentos donde cada lector sacará su propia moraleja sobre la ecología emocional. Es una de las creadoras del concepto Ecología emocional, que junto con Jaume Soler, descubrió en el año 2003. Ahora, María Mercé Conangla, con la ayuda de su compañero de batallas, nos cuenta como adaptar y aplicar los principios de la ecología del medio ambiente a la gestión de nuestras emociones. Algo curioso pero con efectos muy interesantes.

¿Qué es la ecología emocional?

Es un concepto que creamos Jaume Soler y yo en 2003 y que pretende ser una forma creativa y más equilibrada de gestionar nuestro mundo emocional. De alguna forma se trata de hacer un trabajo de equipo entre nuestra mente y nuestras emociones para que las decisiones que tomemos le den más equilibrio a nuestra vida en lugar de caos, confusión y sufrimiento.

Así que nuestras emociones están relacionadas con la ecología.

De hecho, en nuestro libro hacemos un paralelismo con lo que ahora conocemos como gestión del medio ambiente y hemos adaptado todos esos conceptos que ya conocemos: contaminación emocional, lluvia ácida, la importancia de crear espacios protegidos… Entonces trabajamos la ecología en diferentes áreas: cómo gestionamos nuestros espacios interiores, lo que llamamos espacios de incertidumbre, los espacios de crecimiento; las energías que nos mueven; la contaminadora, como la coacción y la culpa, que lo que ocurre a raíz de ahí es destructivo. Y energías limpias como sería el amor; clima emocional, todo lo que digo y hago, tiene una repercusión a mi alrededor y provoca que estén más alegres, más tiernas, o al contrario y todo esto repercute en el clima; y vínculos, qué tipo de relaciones tenemos con los demás. Todo esto lo aplicamos al mundo emocional y hemos visto que hay mucho que hacer ahí.

Si cumpliésemos a rajatabla las leyes de la gestión ecológica de las emociones, ¿viviríamos más felices?

Es bastante atrevido decirlo pero se nos acabaría el 90% de los problemas personales y emocionales. Ya puedes deducir que no es tan fácil hacerlo, pero realmente es posible. Al empezar con uno mismo, automáticamente mejorará todo lo que son las relaciones próximas, mejora la calidad de vida. Ya lo hemos aplicado, desde el 2003 en educación, empresa y con profesionales sanitarios. Los resultados son muy buenos, están muy contentos de utilizar las estrategias para armonizar y gestionar las emociones.

¿En el mundo hay más contaminación emocional que atmosférica?

Estamos convencidos de que sí. Ahora la gente ya está mentalizada de que no podemos echar vertidos a un río porque esto conlleva unas consecuencias. Hace unos años no teníamos esa mentalidad pero lentamente la hemos ido adquiriendo. Esto mismo que hemos aprendido a hacer en el medio ambiente lo llevamos al terreno emocional y digamos que es muy similar. Tenemos que crear en nuestro interior unos espacios protegidos donde no haga falta ponernos máscaras para defendernos. Es importante cuidar este clima con las personas que tenemos alrededor y, a partir de ahí, reciclar, cambiar algunas emociones, aprender a darle salida sin que destroce nada. Dicen que toda la energía que no sabemos dirigir hacia la creación se convierte en destructiva, y de hay vienen problema como el mobbing de buylling, el estrés, el maltrato… La patología social actual tiene las raíces en la incompetencia emocional, en esta incapacidad de ponernos de acuerdo entre lo que pensamos y lo que sentimos y hacer algo con sentido.

Las acciones de cada día, la vida, cuenta. ¿Sería posible acabar con el cambio climático a través de la ecología emocional?

Si empezáramos a aplicar la ecología emocional con uno mismo, los problemas del medio ambiente se acabarían porque, de hecho, las acciones son individuales. En el libro anterior, Ecología Emocional, decimos: lo que somos nosotros, esto es el mundo. Si cada uno de nosotros hiciese cada día su trabajo de higiene emocional, lo conseguiríamos. Ya lo decía Gandhi: Si cada día nos arreglamos el cabello, ¿por qué no vamos a arreglarnos el corazón? Cada día generamos residuos emocionales propios, los acumulamos y cuando viene una persona cogemos la bolsa y echamos la basura a la cabeza del que tenemos delante. Esto es injusto porque somos responsables de nuestras basuras emocionales, de reciclarlas bien, de gestionarlas bien, de darles una salida no destructiva, de no ir contaminando. Entonces yo cada día tendría que dedicar mi tiempo para detectar qué cosas no he procesado y darles una respuesta pronta a cada una de ellas porque cuando estoy con el otro se merece mi respeto. Si cada uno hiciera esto imagínate como estaría el mundo.

Haciendo referencia a uno de los capítulos La vida viene a cuento, ¿qué equipaje se necesita para esta andadura?

Si nos lo planteamos de adultos la estrategia no es cargar más cosas en el equipaje sino empezar a deshacernos de cosas. Eliminar pesos. Tenemos que deshacernos de todo lo que es superfluo: los prejuicios, que los demás siempre están equivocados… Tendríamos que llevar una mente bien puesta, con criterio, con gran sentido común al seleccionar entre toda esta maraña de acciones y propuestas y la competencia para manejar emociones neutras. Habría que intentar que la ira no coja el control, no tomar antidepresivos cuando estemos tristes porque la tristeza es normal… Y es posible. Todo se consigue con la educación emocional que ya se empieza hacer en las escuelas y en los hogares.

Y, ¿cuál sería el primer paso para empezar a experimentar la ecología emocional?

Estar dispuesto a asumir la responsabilidad de la propia vida. Somos responsables de la persona que somos y del mundo que tenemos. No hacer nada en este mundo también es responsabilidad porque el mundo es un todo. Deberíamos estar dispuestos a aceptar que somos corresponsables y pagar el precio de las conductas que tenemos porque al actuar de una forma determinada tiene un impacto. Ya lo dicen: “bienaventurados los que sueñan sueños y están dispuestos a hacerlos realidad”. A veces lo que ocurre es que muchas personas sueñan pero no pasan a la acción porque no están dispuestas a pagar ese precio.

¿Cree que no sabemos controlar bien las emociones?

La gente cree que controlar la emoción a veces es retenerla. Y nosotros decimos que todo lo que se guarda dentro acaba explotando. No se trata de guardar irá y quedárselo todo dentro, sino de aprender a darle la salida adecuada. Debemos aprender a decir las cosas más difíciles pero sin dañar a nadie. Darle una salida no destructiva.

Eso no es fácil.

No, no lo es, pero tampoco es imposible.

03/06/2008 – Deia
Tamara De La Rosa

Luther Blisset

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s