ALEXANDRE ÓRION CREA SUS GRAFFITIS A PARTIR DE MANCHAS DE CONTAMINACIÓN

São Paulo es su inspiración y su lienzo. Alexandre Órion, un artista plástico paulista que concibe el arte como una interactuación con las personas, pinta sobre los muros y túneles de la ciudad para despertar a sus habitantes.
Algunos de sus graffitis combinan pintura y fotografía, como los de la serie Metabiótica, cuyo mensaje resume el artista con estas palabras: “La sociedad existe, la imagen la funda. La imagen existe, la sociedad se hunde”. En estas obras, el límite entre el lenguaje fotográfico y el pictórico queda difuso y las personas que pasan casual y apropiadamente por delante de alguno de los graffitis se convierten en los protagonistas, ya que Órion aprovecha ese momento de encuentro entre la realidad y lo que haya pintado para disparar la cámara, su arma de reflexión masiva.

São Paulo es una megalópolis de 11 millones de habitantes (20 millones en todo el Estado de São Paulo) en la que el coche domina como medio de transporte predilecto. La causa de esto puede achacarse tanto al sistema de transporte público, escaso y mal organizado, como a la inseguridad de sus calles, pero no cabe duda de sus consecuencias: unos niveles de contaminación espeluznantes que tiñen de negro los túneles de tránsito de la ciudad. A uno de ellos, concretamente al de Max Ferrer, se dirigió Alexandre Órion la madrugada del 13 de julio de 2006. Porque hacer graffitis estará prohibido, pero limpiar todavía no. Pasó varias noches ‘limpiando’ el túnel, dibujando calaveras en las que la zona limpia eran los huesos y la mancha de contaminación, los ojos y la boca. Su obra, con el descriptivo título de Ossario, arte menos contaminación, llegó a alcanzar los 160 metros antes de que el Ayuntamiento interviniese. Pero los equipos de limpieza, contra todo pronóstico, no se encargaron de limpiar todo el túnel, sino simplemente la obra de Órion.

Provocador, el artista volvió el 13 de agosto y, cuando casi había llegado a los 120 metros de nuevo, las autoridades intervinieron limpiando –esta vez sí– todo el túnel. Y todos los demás túneles de la ciudad también, para evitar nuevos episodios. Se calcula que los túneles tardaron sólo cuatro meses en llegar a los mismos niveles de contaminación en las paredes, gracias a los gases que emiten los coches y que afectan a la salud de todos los paulistas, muchos de ellos con problemas respiratorios desde edades tempranas. Un estudio de Paulo Hilário Nascimento Saldiva, profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo, muestra que en esa ciudad mueren al día nueve personas a causa de la contaminación y que la esperanza de vida de las restantes se reduce en un año y medio. Como dice el artista, “sería mejor dejar de contaminar que limpiar”. Las calaveras, desde las paredes de aquel túnel, no nos dejan decir ya más: “Yo no lo sabía”.

Más info: www.alexandreorion.com

Extraido de Artitud

Luther Blisset
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