Una portugaluja mantiene en solitario a cien niños de un orfanato del Congo

El 1 de diciembre abrirá un mercadillo humanitario en la villa con el fin de recaudar fondos para el centro
Desde que descubrió en primera persona la situación de extrema miseria en la que sobrevive la infancia en la República del Congo, se ha entregado a la causa. Hace años que responden con portazos a sus peticiones de solidaridad, pero ella nunca decae y sigue insistiendo. Mari Carmen Santamariña es la única persona que ayuda en España a los monjes responsables de gestionar un orfanato en la localidad congoleña de Mbujimayi.

Estos religiosos se ven obligados a hacer auténticos trucos de magia para dar de comer a más de un centenar de menores cada día. En un intento desesperado por echarles una mano, esta portugaluja abrirá el próximo 1 de diciembre un mercadillo humanitario en la villa jarrillera , concretamente en el número 44 de la calle Ortuño de Alango, cerca del hospital San Juan de Dios. La recaudación que obtenga con esta iniciativa irá directamente a engrosar las diezmadas arcas del centro.

Mari Carmen acaba de pasar un mes con los pequeños y se ha traído consigo un recuerdo desolador. «Las carencias son tantas que los pobres niños sólo pueden comer una vez al día, y siempre el mismo plato: unas bolas de harina y agua que llaman ‘fufu’», recuerda.

Su situación es «sangrante» porque los gestores del centro todavía no se han recuperado del asalto que sufrieron a manos de soldados hace apenas un año. «Mataron a tres pequeños, les destruyeron todo y se llevaron la comida y los pocos objetos de valor que conservaban», lamenta. Hoy todavía las camas no son más que mantas de un grosor milimétrico echadas directamente sobre la tierra.

Porteadores de agua

La mayoría de estos huérfanos pertenecen a la etnia hutu. Antes del ataque militar el 85% de los niños, con edades de hasta 15 años, estaban escolarizados. Ahora, sin embargo, no hay dinero ni para ropa ni para libros. Su principal tarea de cada día es portar enormes cubas de agua a lo largo de kilómetros. «Sus juguetes son chapas de botellas, ¿si hasta utilizan hojas de árboles para hacerse un balón de fútbol!», detalla.

Santamariña lamenta que las organizaciones humanitarias se hayan olvidado de este orfanato. «Son monjes de la orden de los franciscanos trinitarios y, como no tienen representación en España, nadie se preocupa por ellos», critica. Consciente de que «sólo con la comida que aquí tiramos, en Congo se podría vivir», ha decidido tomar la iniciativa. El mercadillo humanitario estará abierto hasta después del día de Reyes. Y todo el que quiera puede colaborar donando objetos en buenas condiciones y, sobre todo, comprando los que estén en exposición.

También sorteará una cesta de Navidad, aunque le está costando mucho esfuerzo vender los boletos de la rifa. «Organizar todo esto exige un trabajo ingente y sólo tengo la ayuda de mi entorno más cercano, por lo que aceptaríamos de buen grado voluntarios que quieran echarnos una mano», subraya esta solidaria incansable. Los interesados pueden ponerse en contacto con ella a través de su teléfono móvil.

Más información: 619 329 441

fuente: el correo digital

Luther Blisset

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