Estoy un poco sorprendido conmigo mismo. Los que me conocen saben que soy un tipo bastante pacifico, y que tampoco soy de los que se mosquean a la mínima de cambio. Tengo paciencia, no me gusta enfadarme, y, sin embargo, ayer mismo, me mosqueé con mi móvil.
Sí, sí, con mi móvil. ¿Parece mentira verdad? El caso es que el sábado se me olvidó a la noche ponerlo a cargar (os juro que el alcohol no tuvo nada que ver) y, el domingo, que tenía salida de padres/madres, me llevé el móvil casi sin batería. Ahora, a toro pasado, lo primero que me pregunto es: ¿Para que he llevado yo el móvil a una salida en la que todo el mundo va “movilizado”? El tema es que lo llevé, se quedó sin batería, y al llegar a casa lo enchufe para encenderlo y ver si tenia alguna perdida o algún mensaje. Segunda pregunta: ¿A que viene esa necesidad imperiosa de ver si alguien me ha llamado? Como el cargador de mi móvil es una auténtica bazofia, pues no carga muy bien y no conseguía encenderlo. Así que cojo y me mosqueo con mi móvil (y eso que en ese momento el Athletic iba ganando 0-2 al Valladolid) por que no se enciende y no voy a poder saber si me han llamado.
El mosqueo se me pasó cuando Koikili cometió penalti y el Valladolid acortó distancias. Y en ese momento, mientras el Valladolid bombardeaba la portería rival, me dio por pensar que era una autentica idiotez mosquearse porque no puedo encender el móvil. Y me dio por pensar que siempre voy a todos lados con el móvil, y que la factura, aunque no mucho, a ido aumentando…
Estuve mirando por internet y encontré algunos datos interesantes, que dicen mucho sobre la sociedad en la que vivimos. Este párrafo lo he sacado del estudio “Seguridad Infantil y Costumbres de los Menores en el Empleo de la Telefonía Móvil”, realizado para el Defensor del Menor de Madrid (http://www.defensordelmenor.org/documentos.php).
“El pasado año 2004 se compraron y regalaron en España nada menos que 15 millones de teléfonos móviles. España es uno de los países en los que más éxito tienen este tipo de dispositivos: el 87’2% de los españoles tiene móvil. Se estima que hay cerca de 50 millones de tarjetas móviles para 42 millones de españoles, es decir, más de una por habitante.
Al mismo ritmo que aumenta el consumo de estos dispositivos aumentan los problemas de adicción a los mismos. Se estima que aproximadamente 1 de cada 1.000 usuarios tiene este problema: al menos 35.000 personas en España. Y en un porcentaje muy importante se trata de usuarios «muy» jóvenes.”
En el 2004 Facua advertía en su campaña “¿Tu vida es móvil?” que “Recientemente, un equipo de investigadores de la Universidad británica de Lancaster han presentado un estudio, realizado sobre más de 150.000 usuarios, que pone de manifiesto que uno de cada tres usuarios está enganchado a su teléfono móvil, unas cifras de adicción que doblan los de otro estudio similar realizado el año pasado.
Según dicho estudio, los más afectados por la dependencia a los móviles se sienten mal si se alejan unos metros de sus teléfonos, los usan como reloj, como alarma para despertarse y envían decenas de mensajes cada día. os investigadores hablan incluso de una nueva generación de usuarios adictos, que no pueden pasar sin su teléfono en el día a día.”

Eso por no hablar de la facilidad con la que cambiamos de móvil, sin saber las consecuencias que trae su fabricación. Uno de los metales que se usan en la fabricación de los móviles es el tántalo, un derivado del coltán, un mineral bastante preciado que encuentra mayoritariamente en el Congo. El Congo sufre lo que los analistas internacionales llaman la “1ª guerra mundial africana”, debido al número de naciones implicadas (siete) y al número de muertos que ha provocado. Según un informe de la ONU publicado en el 2001, “El conflicto del Congo gira básicamente en torno al control y al comercio de los recursos minerales”. Se sabe que grandes multinacionales de telefonía y Bayer, han estado financiando a las diversas guerrillas que masacran a la población civil en el Congo comprándoles a ellos coltán extraído en condiciones de explotación de las minas que controlan.
Todavía faltaría espacio para hablar de las antenas de telefonía móvil, de las estrategias de marketing agresivo dirigidas a adolescentes por parte de las compañías telefónicas, de las numerosas irregularidades que cometen (por ejemplo pactando tarifas de establecimiento de llamada cuando se prohíbe por ley cobrar por bloques de tiempo).
No se, no me considero un ermitaño que vive en una cueva, pero creo que el uso (o abuso) que hacemos del móvil tiene unas consecuencias de las que tenemos que ser conscientes, y tenerlas en cuenta. Quizá sea hora de hablar de un consumo responsable del móvil, por lo menos, yo tengo mucho que hacer en ese sentido. ¿Y tu?