consume y calla blog


Hacer negocio de la politica

Una de las últimas noticias de actualidad es el nombreamiento de David Taguas como presidente de SEOPAN, la patronal de las grandes constructoras. Hay que decir que dentro de SEOPAN se encuentran las seis empresas más fuertes del sector (cotizan en bolsa), ACS, Acciona, Ferrovial, FCC, Sacyr y OHL. Estas empresas representan el 7,1% del PIB español, ahí es nada.

David Taguas es el Exdirector de la Oficina Economica de Moncloa, y obviamente, gracias a eso es casi seguro que posee información privilegiada de la que ahora se van a aprovechar esas empresas.Además tendrá buenos contactos en la Moncloa, algo necesario para estas empresas ahora que el sector del ladrillo está sufriendo debido a la crisis de la burbuja inmobiliaria. Parece ser que la solución va a ser tirar de obra pública, por eso el nombramiento de Taguas se convierte en una decisión estrategica.

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No en mi nombre

Como muchos de vosotros/as sabeis, dentro de poco llega la hora de hacer la declaración de la renta. Es uno de las herramientas que tiene el Estado para recaudar dinero (en este caso mediante impuestos) para sufragar los diversos gastos que tiene. Se habla mucho ultimamente de los impuestos (sobre todo en la última campaña electoral), muchos dicen que habria que bajarlos, pero y digo yo ¿De donde sacará el Estado el dinero que necesita para sufragar los costes de la educación o la sanidad, por ejemplo? Pagar impuesto creo yo, es un deber ciudadano ineludible y se deberíac astigar duramente a aquellos ciudadanos, que teniendo unos recursos económicos más que suficientes, siempre están buscando la manera de evadir impuestos.

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La dignidad de los nadies

Quizá ya nadie se acuerde, o no quiera acordarse. Pero no hace tanto que Argentina despertó. No hace tanto que la gente, sin politicos, empezó a buscar soluciones a sus problemas. Sí, me refiero al “argentinazo” de diciembre del 2001. Por si no te acuerdas te refresco la memoria.

2001. Argentina estaba ahogada por la deuda externa, por las politicas neoliberales y por las recetas del FMI que decian que todo debia ser privatizado, que había que abrir el mercado. La industria local colapsaba, y por lo tanto el paro, y su vez, la pobreza y la indigencia aumentaban de manera espectacular. Todo empezó cuando las clases medias vieron como, para evitar la fuga de capitales, se decretaba el famoso corralito, una medida mediante la cual se ponía un limite al dinero que se podía retirar del banco. Que angustia, ver como tu hijo padece desnutricion mientras tus pocos ahorros estan custudiados por banqueros.

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El despertador
Enero 22, 2008, 8:48 pm
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El despertador, la radio, el jaleo del metro, el ruido constante, los coches, los anuncios, la conversación sin sentido, la música que no es música, la televisión, el teléfono…todo ruido, todo palabrería… consume y calla y no escuches.

Los días pasan y apenas rescatamos espacios de silencio, todo lo llenamos de ruidos, como un “horror vacui”, que nos impide describir los ritmos, sinfonías y disonancias de cada una, de lo que nos rodea.

No sabemos, no queremos rescatar, la necesidad del silencio como ocio, como protesta, como herramienta de construcción. Hemos terminado creyéndonos, que para el descanso necesitamos la nada vacía del barullo, la televisión, la radio, el hilo musical, mi ipod, bares donde nos es imposible escuchar. Cuando el cansancio apremia corremos a ella como medicina alternativa que nos cure de nuestra vida.

¿Nuestra existencia se llena de espacios de oír, pero donde quedan los de la escucha? Es imprescindible asumir que el silencio es liberador, que el silencio compartido, puede ser un modo de protesta compartida, que el barullo me aleja de mi misma, me impide ser yo, me distancia del otro. Solo en los espacios creativos y lúdicos que partes del silencio, puedo descubrirme, ser yo y ser yo con los otros.

El silencio como herramienta de lucha, “lo que tengo es observar en cualquier circunstancia que no me presto al mismo mal que condeno” decía Thoreau, “rompamos la ley”, apaguemos todo lo vacío, todo el ruido sin información, y encendamos la escucha de la nada con sentido, sin miedo y sin angustia, para lograr sabernos nosotros. Sabernos nosotros junto a los otros nosotros invisibilizados por el ruido.

Elena Sanz


Consumo responsable
Enero 21, 2008, 10:38 pm
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Hablar de consumo responsable es plantear el problema del hiperconsumo de las sociedades “desarrolladas” y de los grupos poderosos de cualquier sociedad, que sigue creciendo como si las capacidades de la Tierra fueran infinitas (Daly, 1997; Brown y Mitchell, 1998; Folch, 1998; García, 1999). Baste señalar que los 20 países más ricos del mundo han consumido en este siglo más naturaleza, es decir, más materia prima y recursos energéticos no renovables, que toda la humanidad a lo largo de su historia y prehistoria (Vilches y Gil, 2003).

Como se señaló en la Cumbre de Johannesburgo, en 2002: “El 15% de la población mundial que vive en los países de altos ingresos es responsable del 56% del consumo total del mundo, mientras que el 40% más pobre, en los países de bajos ingresos, es responsable solamente del 11% del consumo”. Y mientras el consumo del “Norte” sigue creciendo, “el consumo del hogar africano medio –se añade en el mismo informe- es un 20% inferior al de hace 25 años” (http://www.un.org/spanish/conferences/wssd/modelos_ni.htm ).

Si se evalúa todo lo que un día usamos los ciudadanos de países desarrollados en nuestras casas (electricidad, calefacción, agua, electrodomésticos, muebles, ropa, etc., etc.) y los recursos utilizados en transporte, salud, protección, ocio… el resultado muestra cantidades ingentes. En estos países, con una cuarta parte de la población mundial, consumimos entre el 50 y el 90% de los recursos de la Tierra y generamos las dos terceras partes de las emisiones de dióxido de carbono. Sus fábricas, vehículos, sistemas de calefacción… originan la mayoría de desperdicios tóxicos del mundo, las tres cuartas partes de los óxidos que causan la lluvia ácida; sus centrales nucleares más del 95% de los residuos radiactivos del mundo. Un habitante de estos países consume, por término medio, tres veces más cantidad de agua, diez veces más de energía, por ejemplo, que uno de un país pobre. Y este elevado consumo se traduce en consecuencias gravísimas para el medio ambiente de todos, incluido el de los países más pobres, que apenas consumen.

Estamos, además, agotando recursos (ver Agotamiento de recursos) que van a repercutir sobre la vida de las generaciones futuras. Como afirma la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (1988), “estamos tomando prestado capital del medio ambiente de las futuras generaciones sin intención ni perspectiva de reembolso”.

Extraido de: abre-losojosmundo.blogspot.com

Luther Blisset



Facultades Vs Publicidad
Diciembre 3, 2007, 11:55 pm
Guardado en: Reflexiones en Blanco y Negro, consumo responsable, contrapublicidad

Pasaba por la entrada de la Facultad de Bellas Artes y vi un stand (ver foto) de la marca de chicles y caramelos Mentos. Ayudadas de una mesita auxiliar unas chicas sonrientes se encargaban de repartir estos caramelos a toda persona que pasara, y proponían participar en un sorteo de un portátil a cambio de posar delante de dicho stand. Ellas mismas se encargaban de sacar la foto, premiando la más original.

A mí me dio la sensación de que nadie pensó que estuviera fuera de lugar que una empresa se promocionase en la facultad. De hecho, aseguraría que a casi todo el mundo le parecía bien que esa promoción se estuviera haciendo… al fin y al cabo, ¡regalaban caramelos!

Pero a mí me pareció insultante que una empresa privada utilizase el espacio público de nuestra facultad para sus fines comerciales, con el consiguiente permiso de la administración competente (conversación pendiente) y con la aprobación de muchos de los estudiantes allí presentes.

Se estima que diariamente soportamos una media de 3000 impactos publicitarios, una cifra impresionante que parece imponerse como una norma inalterable. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos somos víctimas de tal bombardeo de muy diversas formas. Todo ello propicia un estado de aletargamiento que imposibilita que identifiquemos con claridad el impacto publicitario y en consecuencia lo asimilamos como parte del paisaje.

Al mismo tiempo, las agencias y empresas publicitarias tratan de abrirse camino en cualquier espacio con un amplio abanico de estrategias y soportes. Al parecer no importa el cómo, siempre y cuando se llegue al firme objetivo de introducir la marca y el mensaje de turno. Esta tendencia pone de manifiesto la permisibilidad y cobertura de las instituciones públicas y el poder publicitario que pone en peligro el uso y disfrute del espacio público respecto del privado. La publicidad se extiende cada vez más, devorando espacios que nunca antes habían sido invadidos, y nos devuelve la mirada, ofreciendonos un paisaje agresivo, artificial y saturado.

En el caso de las universidades, debería asegurarse el bienestar del alumnado dando un portazo a la intromisión a la que tan acostumbrados estamos.

Deberíamos saber que las universidades no nacieron ni con máquinas expendedoras de Coca-Cola, ni con chocolatinas de Nestlé… Así pues tampoco entendamos como normal que nuestros espacios sirvan de escenario para campañas de cualquier producto. Y es que el día de mañana no me extrañaría nada que las clases de dibujo y pintura las patrocinara alguna conocida marca de papel, robando 5 minutos al profesor para mostrar su maravilloso producto…

Lo normal y lo justo debería ser que la libertad individual no se viera truncada por los fines privados y la generosidad institucional. Para ello deberíamos hacer llegar nuestro mensaje de oposición, llamando a las cosas por su nombre y reivindicar nuestros espacios que parecen formar parte de una larga lista de derechos olvidados.

Luther Blisset



Móviles (www.consumehastamorir.com)
Octubre 28, 2007, 11:21 pm
Guardado en: Reflexiones en Blanco y Negro, contrapublicidad

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Luther Blisset



MOVILITIS
Octubre 25, 2007, 6:02 pm
Guardado en: Reflexiones en Blanco y Negro

Estoy un poco sorprendido conmigo mismo. Los que me conocen saben que soy un tipo bastante pacifico, y que tampoco soy de los que se mosquean a la mínima de cambio. Tengo paciencia, no me gusta enfadarme, y, sin embargo, ayer mismo, me mosqueé con mi móvil.

Sí, sí, con mi móvil. ¿Parece mentira verdad? El caso es que el sábado se me olvidó a la noche ponerlo a cargar (os juro que el alcohol no tuvo nada que ver) y, el domingo, que tenía salida de padres/madres, me llevé el móvil casi sin batería. Ahora, a toro pasado, lo primero que me pregunto es: ¿Para que he llevado yo el móvil a una salida en la que todo el mundo va “movilizado”? El tema es que lo llevé, se quedó sin batería, y al llegar a casa lo enchufe para encenderlo y ver si tenia alguna perdida o algún mensaje. Segunda pregunta: ¿A que viene esa necesidad imperiosa de ver si alguien me ha llamado? Como el cargador de mi móvil es una auténtica bazofia, pues no carga muy bien y no conseguía encenderlo. Así que cojo y me mosqueo con mi móvil (y eso que en ese momento el Athletic iba ganando 0-2 al Valladolid) por que no se enciende y no voy a poder saber si me han llamado.

El mosqueo se me pasó cuando Koikili cometió penalti y el Valladolid acortó distancias. Y en ese momento, mientras el Valladolid bombardeaba la portería rival, me dio por pensar que era una autentica idiotez mosquearse porque no puedo encender el móvil. Y me dio por pensar que siempre voy a todos lados con el móvil, y que la factura, aunque no mucho, a ido aumentando…

 

Estuve mirando por internet y encontré algunos datos interesantes, que dicen mucho sobre la sociedad en la que vivimos. Este párrafo lo he sacado del estudio “Seguridad Infantil y Costumbres de los Menores en el Empleo de la Telefonía Móvil”, realizado para el Defensor del Menor de Madrid (http://www.defensordelmenor.org/documentos.php).

“El pasado año 2004 se compraron y regalaron en España nada menos que 15 millones de teléfonos móviles. España es uno de los países en los que más éxito tienen este tipo de dispositivos: el 87’2% de los españoles tiene móvil. Se estima que hay cerca de 50 millones de tarjetas móviles para 42 millones de españoles, es decir, más de una por habitante.

Al mismo ritmo que aumenta el consumo de estos dispositivos aumentan los problemas de adicción a los mismos. Se estima que aproximadamente 1 de cada 1.000 usuarios tiene este problema: al menos 35.000 personas en España. Y en un porcentaje muy importante se trata de usuarios «muy» jóvenes.”

En el 2004 Facua advertía en su campaña “¿Tu vida es móvil?” que “Recientemente, un equipo de investigadores de la Universidad británica de Lancaster han presentado un estudio, realizado sobre más de 150.000 usuarios, que pone de manifiesto que uno de cada tres usuarios está enganchado a su teléfono móvil, unas cifras de adicción que doblan los de otro estudio similar realizado el año pasado.

Según dicho estudio, los más afectados por la dependencia a los móviles se sienten mal si se alejan unos metros de sus teléfonos, los usan como reloj, como alarma para despertarse y envían decenas de mensajes cada día. os investigadores hablan incluso de una nueva generación de usuarios adictos, que no pueden pasar sin su teléfono en el día a día.”

Eso por no hablar de la facilidad con la que cambiamos de móvil, sin saber las consecuencias que trae su fabricación. Uno de los metales que se usan en la fabricación de los móviles es el tántalo, un derivado del coltán, un mineral bastante preciado que encuentra mayoritariamente en el Congo. El Congo sufre lo que los analistas internacionales llaman la “1ª guerra mundial africana”, debido al número de naciones implicadas (siete) y al número de muertos que ha provocado. Según un informe de la ONU publicado en el 2001, “El conflicto del Congo gira básicamente en torno al control y al comercio de los recursos minerales”. Se sabe que grandes multinacionales de telefonía y Bayer, han estado financiando a las diversas guerrillas que masacran a la población civil en el Congo comprándoles a ellos coltán extraído en condiciones de explotación de las minas que controlan.

Todavía faltaría espacio para hablar de las antenas de telefonía móvil, de las estrategias de marketing agresivo dirigidas a adolescentes por parte de las compañías telefónicas, de las numerosas irregularidades que cometen (por ejemplo pactando tarifas de establecimiento de llamada cuando se prohíbe por ley cobrar por bloques de tiempo).

No se, no me considero un ermitaño que vive en una cueva, pero creo que el uso (o abuso) que hacemos del móvil tiene unas consecuencias de las que tenemos que ser conscientes, y tenerlas en cuenta. Quizá sea hora de hablar de un consumo responsable del móvil, por lo menos, yo tengo mucho que hacer en ese sentido. ¿Y tu?



Carmelita Alonzo, in memoriam (8-3-1997)
Agosto 28, 2007, 3:47 pm
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Carmelita Alonzo, no es un ser inexistente, Carmelita era una persona de carne y hueso. Sí, era invisible por obra y gracia de aquellos que desde lujosos despachos deciden que es noticia y que no lo es en base a los fondos que reportan ciertas empresas a sus periódicos y televisiones, pero Carmelita existía, era una persona viva.

Era una persona viva hasta que murió de agotamiento. Parece difícil morir de eso, pero murió de puro y llano agotamiento. Carmelita Alonzo, de 35 años de edad y madre de 5 hijos, murió fabricando prendas de vestir en una fabrica de Cavite, Filipinas.

Su historia no es nada especial allí. Había muchos pedidos que cumplir en la fábrica V.T. Fashions y los turnos de 7 de la mañana a 10 de la noche (15 horas) no eran suficientes. Había que trabajar más en esas fabricas sin ventilación, ni medidas de seguridad, tan calurosas durante el día y tan húmedas por la noche. Ahora el turno era hasta las dos de la mañana, es decir turnos durante varios días seguidos de 19 horas de 24. 5 horas para dormir suponiendo que se quedase a dormir en la fabrica (en China muchas obreras lo hacen para trabajar durante 3 días seguidos sin salir de la fabrica, en Honduras los patronos les inyectan anfetaminas para que trabajen 48 horas seguidas). Carmelita, con 5 hijos a su cargo, necesitaba ese trabajo y renunciar a las horas extraordinarias suponía su despido inmediato. Cogió una neumonía, enfermedad muy común para las obreras que trabajan en Cavite, y cuando pidió un permiso (como en el ejercito) para ir al hospital, se lo denegaron. El pedido era muy urgente. Había que trabajar.

Y ella no aguantó ese ritmo; y murió; no hubo manifestaciones, ni titulares en los periódicos; murió el 8 de marzo de 1997, Día Internacional de la Mujer. Quizá algunas de vosotras y vosotros participaseis el alguna manifestación, o quizá no (mucho más probable). Quizá estabais, estábamos, demasiado ocupados con mil quehaceres: la universidad, el trabajo, estudiar, visitar familiares, practicar algún deporte… las posibilidades son enormes, porque nosotros trabajamos 8 horas. Nosotros no morimos de agotamiento, nuestra enfermedad es el “stress” de la vida moderna. Eso de morir de agotamiento no es nuestro problema, es el de esa otra parte del mundo de la que no se habla tanto. Sin embargo, debería apenarnos saber que hoy en día la gente muere de agotamiento, aunque solo sea para honrar la memoria de Carmelita. Deberíamos ser capaces de derramar aunque sea una sola lágrima, y acordarnos de Carmelita, la mujer que murió de agotamiento fabricando prendas de vestir.

Y quizá, con un poco de suerte, las prendas que llevas tú hoy, ahora mismo, las haya fabricado Carmelita. Fíjate en la etiqueta, dónde se ha fabricado, y en la marca. Carmelita no fabricaba ropa para empresas anónimas, fabricaba ropa para Benetton, Liz Claiborne, The Gap, entre otras. Las prendas por las que tanto pagas las hacen millones de Carmelitas en el mundo por un salario mísero. Algo, que supongo, no es la primera vez que oyes, pero que aun así, ni siquiera te supone un esfuerzo comprarlas. Así que, haz el favor de no ponerte ropa de esas marcas el 8 de marzo, si no vas a hacer nada por cambiar la suerte de tantas y tantas Carmelitas porque crees a pies juntillas en la cómoda frase de “no hay nada que hacer”. Por lo menos recuerda, ya que no te supone ningún esfuerzo convivir con ello, que Carmelita murió para que tu te vistas a la moda.



Porque no bebo Coca Cola
Agosto 28, 2007, 11:08 am
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Es difícil de explicar porque hago boicot a Coca-Cola. Sobre todo cuando la mayoría de la gente que conozco se burla en cierto modo de mi decisión. No bebo Coca-Cola por una parte, por los crímenes que ha cometido por todo el mundo. Ahora no voy a ponerme hablar de ellos porque seguramente si os dijese que Coca-Cola asesina sindicalistas en Colombia me dirías que Pepsi es igual y que eso lo hacen todas las multinacionales. Pero esa no es la razón principal de que no beba Coca-Cola, no coma productos Nestle o no compre zapatillas Nike. La razón principal es, que aunque es cierto que no arreglo nada por no comprar esas marcas, al final, tienes que hacer una opción. Y la opción es muy sencilla: ¿Tragas o no tragas?

No es una cuestión de marcas, sino de lo que significan esas marcas. Esas marcas (y muchas otras mas, por supuesto) son la expresión mas dura y mas real del capitalismo, del sistema en el que vivimos cotidianamente. Y ese sistema, a lo largo de nuestra vida te va planteando opciones. Trabajar para una ETT o no hacerlo, dedicar mi tiempo libre a otras personas para cambiar mi entorno o no hacerlo… en fin, un montón de cosas. Y claro, con la excusa de que “nos estamos haciendo mayores” y “hay que poner los pies en el suelo”, dejamos que sea ese sistema el que decida por nosotros. Y ese sistema elige la opción que mas le conviene a él, y que casualmente, es la mas cómoda para ti. Es algo así como: “no te preocupes por nada, tu vive tu vida y preocúpate por ti, que ya me encargo yo de tomar las decisiones que mas te convienen”. Y así, se va configurando un mundo con explotados y explotadores. El sistema te plantea la opción de vivir cómodamente tu vida como explotador de los países del tercer mundo, a cambio de que crees en tu cabeza el muro necesario para que todas las reservas que puedas poner contra esa injusticia se estallen contra el. Y ese muro, no esta hecho con ladrillos y cemento, sino con los materiales y las herramientas que te brinda el sistema: la indiferencia, la desinformación que produce el exceso de información fraccionada, la incredulidad ante cualquier cosa que no provenga de los cauces “oficiales”, el pasotismo y pesimismo del “no hay nada que hacer”, y por supuesto, el desprecio y la burla en cierta medida hacia aquellos que creemos que sí hay algo que hacer, hacia los “ilusos inocentes” que pensamos que el mundo sí se puede cambiar y hacerlo un lugar más habitable, y que eso se puede hacer ahora.

Así que no bebo Coca-Cola para decirle al sistema que en mi vida las opciones las tomo yo y no él, que a mi no me engaña y soy consciente de que vivo en un país explotador y que por lo tanto, es mi responsabilidad cambiar eso. Ya se que aunque yo no beba Coca-Cola todo va a seguir igual, pero por lo menos me acuesto todos los días sabiendo que soy un poquito más libre.

Más libre porque se cuales son las cadenas que me ponen todos los días encima para que me mantenga en mi sitio. Por eso no me gusta ir al Max Center o cualquier otro centro comercial, ni siquiera a ver una peli, porque ese sitio me da escalofríos. Porque ese sitio es una recreación en miniatura del capitalismo. Por eso no bebo Coca-Cola y por eso no he tenido nunca intenciones de ir al puto Forum de Barcelona.

Y parece que a los que si bebéis Coca-Cola, a los que os encanta ir de compras al Max Center, a los que ahorráis para visitar el Forum, os irrita que yo no participe de vuestra alegría y ponga objeciones ideológicas a esas decisiones. Me miráis como si fuera un bicho raro, parece que pensáis “ya esta este con sus movidas de los principios”. Es cierto que vosotros sois mas, pero eso no hace mas legitimas vuestras decisiones (si es que realmente eso lo habéis decidido vosotros), y mucho menos ilegitimas las mías al ser minoría.

Así que la opción que he tomado yo, valorando todos estos aspectos, ha sido la de no tragar en la medida de lo posible, a pesar de tener que aguantar ciertas desventajas voluntariamente aceptadas como la carga por intentar llevar una vida más “viva”.

Claro, es muy fácil echarme en cara después que no soy coherente porque he ido al Max Center a comprar ropa para una boda o porque tengo calcetines Adidas. Claro, para los que ni siquiera os planteáis ser coherentes o no es muy fácil después echar eso en cara a la gente. Pero por lo menos yo, procuro ser coherente con mis incoherencias, y soy consciente de ellas e intento evitarlas en la medida de lo posible.

En fin, que esa es la decisión que he tomado, que la he tomado conscientemente y que a pesar de lo que me podáis echar en cara es mi intención mantener esta decisión todo el tiempo que pueda, a pesar de que muchos de vosotros penséis que “esas tonterías se te van a olvidar con el primer sueldo”. Mucho mejor sería si vosotros os plantearais seriamente la decisión que habéis tomado vosotros, porque en muchos casos se os ha olvidado todo ese rollo de cambiar el mundo y los ideales mucho antes de cobrar el primer sueldo.