(aunque esta noticia sea del año pasado, persiste todavía su interes)
Madrid y Barcelona han sido las ciudades elegidas durante los días 4 y 5 de mayo para la última campaña de publicidad en vivo de una multinacional. Las grandes marcas invaden el espacio público disfrazadas de teatro de calle.
Con apariencia de arte urbano, intervenciones espontáneas o teatro callejero, algunas marcas comerciales invaden el espacio público para hacer publicidad. La búsqueda del consumidor, la venta del producto, sale de los medios reservados para este fin y se extiende a cualquier ámbito de la vida cotidiana. El individuo es considerado consumidor potencial y asaltado en el metro, por la calle o desde los escaparates. Ningún lugar está libre, no existe escapatoria, ellos quieren aumentar sus ventas y están dispuestos a todo. Un grupo de médicos chequea los coches que paran en la gasolinera, le preguntan al conductor el nombre de su pequeño automóvil, lo auscultan y luego promocionan la última superproducción cinematográfica de dibujos animados, un hombre se declara ante su novia en el metro y le pide que se casen ante la sorpresa de los viajeros y cuando por fin ha captado la atención de todos comienza a informar sobre los últimos planes del ayuntamiento en el distrito en cuestión. En el cine, mientras todos esperan a que comience la película un grupo de actores pide a gritos desde sus butacas que les aplaudan por sus triunfos personales, después solicitan que beban el refresco que anuncian. Una de las grandes empresas especializada en este tipo de acciones ha desempeñado su última campaña en Madrid y Barcelona este fin de semana. Por la noche, con los establecimientos cerrados, varios escaparates son transformados en salas de fiesta donde chicos y chicas bailan con su último modelo de móvil con reproductor de música. Esta empresa asegura que su objetivo es la “búsqueda de situaciones de atención disponible”. Ante la indiferencia del público por los medios tradicionales de publicidad, ellos abusan de la inocencia del transeúnte para hacerle llegar, aunque no quiera, el eslogan y la información sobre las últimas prestaciones del producto que quieren vender. Aunque no se puede saber con exactitud hasta que punto este tipo de campañas alcanza sus objetivos, lo cierto es que de alguna manera minan la confianza del espectador y aumentan la sensación de vivir en un mundo controlado por la publicidad y la consecuente desidia ante ello.
Ha llegado hasta nosotros por e-mail esta web/iniciativa que sin tapujos, se llama muerte por supermercado. Una impactante manera de hacernos ver lo que nos viene encima con la apertura del centro comercial Ballonti. No tenemos muy claro si se trata de algo puntual o es una iniciativa concreta pero lo que si nos ha llegado son las fotos del día en que se clavaron unas cuantas cruces por Portugalete.
Desde ConsumeyCalla os queremos invitar a participar en la semana sin televisión, del 21 al 27 de abril.
Razones para no ver la TV en exceso hay un monton, pero os damos unas cuantas para refrescar la memoria:
La mayor parte de los estudios coinciden en que la televisión es vista una media de 3,5 horas al día.. Lo que supone el 58% del tiempo libre. Aproximadamente 11 años enteros de la vida de una persona..
Ecologistas en Acción recuerda que detrás de su aparente función de entretenimiento o información la televisión se encuentra su objetivo más importante, que es incitar al consumo masivo de los productos de las compañías que las financian, se anuncian o son sus propietarias.
La televisión muestra y hace apetecible un modo de producción y consumo insostenible para el planeta.
Para Ecologistas en Acción la televisión está deteriorando el sistema de comunicación bidireccional entre personas y lo está sustituyendo por un sistema de difusión fundamentalmente unidireccional en el que unos pocos hablan a millones de personas que tienen que callarse. Con consecuencias graves para la articulación de la sociedad y de la cultura ligada al territorio..
Una intervención que materializa gráficamente una utópica capacidad de respuesta al asalto visual en el entorno urbano. El artista transfiere irónicamente al nivel de la calle el símbolo que, en un contexto virtual, confiere al espectador la capacidad de hacer desaparecer un ataque visual. Un sutil guiño hacia el resto de víctimas.